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Lonely Shouters

Pégame más fuerte papá

agosto 13, 2020

Andaban de elecciones en Bielorrusia. Es un proceso peculiar. Los candidatos que el gobierno considera impopulares fueron privados de su libertad: encarcelados, secuestrados. Llegado el momento de depositar la papeleta papá gobierno apagó el Internet para que sus ciudadanos no se distrajeran con las noticias. Así es la nueva normalidad de los bielorrusos.

Todos los extremos llevan al fascismo.

Todos los adultos fuimos una vez niños impresionables.

Fuera de Bielorrusia veo muchas personas entusiasmadas con las cuarentenas obligatorias y las multas por respirar.

No veo a tantas alarmadas por cómo libertades tatuadas de serie en las constituciones de toda democracia son vulneradas en peligrosos precedentes que atentan contra los cimientos del estado de derecho – por no hablar de la lógica más elemental.

De los orígenes de ese entusiasmo es de lo que hablaremos hoy aquí. Lo de la postergación de las libertades lo dejamos para otra ocasión. En ambos casos la respuesta es absurda y contradictoria.

La única manera de lidiar con un mundo sin libertad es llegar a ser tan absolutamente libre que tu misma existencia es un acto de rebelión.

Albert Camus

La primera ola en realidad fue ya la segunda para muchos. Llovía entonces sobre mojado y las aguas de escorrentía se han filtrado hasta juntarse, en las catacumbas del subconsciente, con corrientes residuales olvidadas. Esta segunda (o tercera) ola está purgando los traumas acumulados. Desbordan a borbotones por los poros de las redes sociales y se reflejan en las decisiones de nuestros mayores en el hemiciclo.

Anhelamos lo que no tuvimos pero también lo único que nos dieron. Si en nuestra infancia no nos disciplinaron con amor y predecible coherencia es muy normal que hayamos acabado siendo víctimas de una inseguridad crónica. Del mismo modo si nos administraron una sobredosis de represión y violencia es muy probable que durante un tiempo confundiéramos la agresión con el afecto.

Habrá quienes con los años se hayan atrevido a dirigir una mirada honesta, madura y objetiva a los episodios más oscuros de su niñez. Personas que hayan logrado completar el infernal viaje de ida y vuelta. Individuos que cuentan hoy con una luz cenital que les libera de las sombras del autoengaño, mostrándoles el relieve del exterior de la caverna nítidamente iluminado por el astro rey de la sinceridad.

Todos, en cualquier caso, fueron …

… o bien progenie criada en la ausencia total de disciplina. Niños sumergidos en la síntesis del miedo por desamparo. Negada la necesidad primaria de protección, la expectativa instintiva hacia cualquier forma de protección es la solidez. Robustez que se demuestra o con coherencia y constancia, o con agresividad, como veremos a continuación. La ausencia de ambas provoca, naturalmente, una sensación de abandono que llevará al individuo adulto a una búsqueda eterna de atención y a una adoración, o rechazo – en ambos casos viscerales – de las figuras autoritarias.

… o bien maltratados en su infancia y sin escapatoria posible. Atrapados por el campo gravitatorio del chantaje emocional del clan; hasta el punto de desarrollar un Síndrome de Estocolmo intergeneracional. El dúo dinámico y enfermizo del maltratado adicto a su maltrador, versión Disney.

Así, bien por sobrecompensación de un vacío de infancia, bien por revivir la dependencia emocional hacia un tutor maltratador; muchas personas se adscriben hoy a las muestras de poder cohercitivo con un ímpetu agresivo y fanático.

Personas que inconscientemente ignoran las lesiones de un pasado que se vieron forzados a normalizar para sobrevivir y que hoy reviven con fruición y desesperación; perpetuando así la única forma de amar que alguna vez creyeron conocer.

Sabina canta aquello de: al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. La paradoja es que tratando de volver al lugar donde debiéramos haber sido felices, pero no lo fuimos, invocamos nuevamente al mal. Conjuro kármico que nos atrapa en un sisifesco bucle sadomasoquista en el que el dolor, el placer y la nostalgia se funden en un abrazo sofocante que nos reconforta sin que queramos saber el porqué.

La alternativa es la autoconciencia, la aterradora e incómoda libertad.

Nos despedimos rescatando un vídeo de la antigua Lonely Shouters, un breve fragmento de esa obra maestra de la HBO llamada In Treatment y que viene al pelo:

Autolesionarse da menos miedo que la realidad pero te destruye. El miedo no es real.